Desde la vertiente al arenal

Written by Raquel Concha on . Posted in Actualidad, Cultura y Entretención, Organizaciones Sociales, Titulares

En el marco de los 119 años de la Ciudad del Sol.
Por: Ricardo Andrés Loyola, abogado, licenciado en Ciencias Jurídicas Universidad de Valparaíso, profesor Facultad de Derecho Universidad Adolfo Ibáñez, presidente Sociedad de Estudios Históricos, Arqueológicos y Geográficos de Chile.
               Nace desde lo más profundo de los cerros de la denominada Cordillera de la Costa en pleno corazón del valle central, se trata del estero Marga Marga, conocido en tiempos coloniales como el Río de las Minas, Río de las Minas de Quillota o simplemente Malgamalga. Este estero da origen a un pequeño valle que es parte de la zona hídrica marcada por el curso inferior del Aconcagua, el cual albergó desde ataño a primitivos habitantes y luego la ambición por su rico contenido aurífero.
               El valle comienza a espaldas del Puangue que se encierra en la hoya del Maipo, éste en su tiempo fue una antigua hacienda que según relatos de viejos libros, habría pertenecido a la familia Olivera la cual aún tiene posesiones en dichas tierras. Desde allí corre dejando regados los caseríos de Los Coligües y Los Perales, donde desde mediados del siglo XIX se instalara la Congregación del Sagrado Corazón de Jesús y construyeran el convento e iglesia, de la cual sólo perdura esta última.
               Más abajo hacia el valle viene inmediatamente el antiguo caserío de San José de Marga Marga o los “Tambillos del Inga” como se les denominó en las Actas del Cabildo de Santiago, lugar que tiene un pasado mucho mayor al haber sido asiento de un centro importante de dos calles hacia comienzos de la Colonia; creado y mantenido por las comunidades indígenas, centro principal de la explotación del oro inkaiko.
               Luego el estero corre en dirección hacia la Hacienda Las Palmas no sin antes cruzarse con el trazo del Qhapaq Ñan que viene desde la Kallanka de Quillota. Dicho camino sale desde el sur de la Kancha de Santa Ana y baja con dirección al valle del Lligüeñere, entra por el Cajón de Levo y de allí al valle de Queupoa, para seguir entre quebradas hacia el valle de Malgamalga por el cauce del estero de Moscoso. Una vez allí cruza el portezuelo y choca con el estero Marga Marga.
               Continuando su camino, el estero riega las haciendas de El Pequén y Las Palmas ya enfilando rumbo a su desaguadero. Es del caso mencionar que todas estas haciendas que nombramos son tardías y algunos de sus nombres provienen del siglo XIX solamente tras la repartición y desmembración de la gran hacienda de Marga Marga de propiedad de los Covarrubias, pero que antes, en tiempos coloniales, tuvo varios dueños como Francisco Riberos, Rodrigo de Araya (nieto), Juan de Astorga Tello, entre otros, siendo disputada incluso por Diego de Godoy en sendos juicios de principios del siglo XVII.
               Un caso especial y aparte tiene que ver con la Hacienda de Las Palmas, adquirida por los Jesuitas para completar la gran estancia de Tunquén que incluía la de Peñuelas y Las Tablas, para lo cual tuvieron que negociar con los Padres Mercedarios las tierras de Motilelbum y Charavacho durante los siglos XVI y XVII.
               Hoy el estero a medio curso es apresado y sus aguas retenidas por el antiguo proyecto de abastecimiento de agua potable nacido desde las postrimerías del siglo XIX y concretado muy tarde en el siglo siguiente. Este apresamiento hoy ha dejado hundidos una serie de importantes sitios que se encuentran catalogados y registrados por interesantes estudios, algunos inéditos.
               Desde allí ya sólo le queda su descenso hacia el mar, pasando por lugares complejos como el sector de “La Isla” donde gira en forma de U y en que existen importantes estudios arqueológicos. Más adelante pasa sectores como “La Polvareda” y “Los Pozos”, no sin antes encontrarse en “Las Juntas” con el estero Las Palmas y la entrada de la antigua hacienda de Reculemu. En ese lugar existe un antiguo estudio botánico de 1950 que nos habla de las 12 palmas, cada una con el nombre de uno de los 12 apóstoles de Cristo.
               Ya en su parte final, en el “Morro de Lillo”, desde donde el ilustre mensurador dividiera las haciendas del Presbítero Julián de Landa en Queupoa y de doña Mariana Osorio en la Viña de la Mar, se encuentra con el estero Quilpué, transitando juntos su último recodo y recogiendo luego que el ferrocarril cruce sus aguas, los caudales de quebradas como “El Quiteño” y “El Olivar”.
               En su fase final y antes de ingresar al antiguo arenal, hoy Población Vergara en Viña del Mar, tiende a formar islas donde habitan gran cantidad de especies animales y vegetales; hoy estas islas están aflorando poco a poco en el sector de la antigua junta de la quebrada de Los Limonares.
               Concluye el periplo en el arenal, importante extensión de arenas que cubre desde la orilla del mar hasta el sector de la calle o camino a Quillota, dando espacio solamente a una gran laguna de extensión de 800 metros de ancho aproximadamente, la cual se forma por la barra natural de arena que forma el mar con sus olas al chocar con el estero.
               Así las cosas el largo camino del estero parte de unas simples y diminutas vertientes y termina en el gran arenal, cruza por lo menos tres haciendas mayores: Marga Marga, Las Palmas y la Viña de la Mar (a la cual sumamos Peuco en su parte sur) y riega con sus aguas un valle que es fértil y prolífico en la mantención hasta nuestros días, de especies arbóreas y menores, nativas muchas de ellas difíciles de encontrar en otros lugares de la zona y del país y de las cuales los expertos, que poco de terreno saben muchas veces, las han declarado extintas o en peligro.
               Disfrutar el viaje de este estero en su magnitud requiere una amplitud mental importante, descubrir cada lugar, cada misterio, implica adentrarse en antiguas historias y lejanos personajes que con sus acciones y relaciones humanas enriquecen el pasado que es parte de nuestra idiosincrasia.
               El pasado y la comprensión en toda su magnitud de un fenómeno histórico requiere estudio, perseverancia y por sobre todo humildad, estos  factores muy poco diseminados entre los jóvenes licenciados que a poco más de egresar ganan una expertiz autoinfringida y muchas veces desarrollan procesos o ideas muy llamativas, pero sin ninguna base profesional o intelectual.
 

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