Canibalismo

Siempre se ha planteado la tesis de que la Derecha en Chile tiene el comportamiento de un caníbal y destruye cualquier liderazgo que pudiera surgir, como consecuencia de su falta de capacidad para organizarse y para respetar a sus líderes, pero aparentemente esta situación se ha revertido y, aunque no se puede decir que la Derecha tenga una convivencia completamente pacífica en su interior, es la Concertación la que ha venido adoptando últimamente una conducta caníbal.
Como muestra, el fuerte ataque del precandidato presidencial Andrés Velasco al senador Guido Girardi, seguido por toma de posiciones en torno a la validez de las denuncias, como si fuera algo novedoso. No es la primera vez que se sabe de conductas impropias del parlamentario del PPD ni que se hacen reportajes sobre sus redes de influencia, ni es tampoco la primera oportunidad en la que alguien trata de ganar un espacio en la prensa a costa de desprestigiar al “villano” para aparecer como el “bueno” de la película, como lo hizo Andrés Velasco en este caso.
A diferencia de otras ocasiones, en esta oportunidad todos los que fueron entrevistados por la prensa que quería ahondar en el tema, dieron prestos sus testimonios en uno u otro sentido, abriéndose una especie de temporada de caza, en lugar de las defensas cerradas de antaño.
Lo que es novedoso entonces es que la Concertación, aunque estuviera unida apenas con saliva, no daba antes muestras públicas de sus desavenencias ni de que esas fueran tan enconadas. Es como si la cercanía de las elecciones generara un escenario en el que más vale salvarse uno que salvar a todo el grupo.
Cualquier coalición que se mantiene en el gobierno por veinte años, como lo hizo la Concertación, tiene invariablemente una larga lista de episodios oscuros que no debería sacar a la luz pública ni al escrutinio de la ciudadanía. Es lo lógico.
Lo que ocurre en esta ocasión es que la Concertación aún no logra comprender del todo las razones de su derrota electoral hace dos años ya, y trata de buscar la forma de recuperar su credibilidad ante los votantes, aunque lo haga de una manera antropófaga porque la necesidad de recuperar el poder parece ser más fuerte que la unidad que tanto exhibía como una de sus principales virtudes. Es el viejo “abandonen el barco”, con la esperanza de rescatar las tablas suficientes para construir una nueva embarcación.
Si esta estrategia es o no la apropiada lo dirán los votantes, pero lo concreto es que, como lo dijo Ricardo Lagos dentro de la serie de diatribas lanzadas en estos días, no basta con que Michelle Bachelet vuelva al país para reordenar a una Concertación que parece más deteriorada que nunca.

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