El pacto electoral

Es curioso. En estos días, el senador de la UDI Hernán Larraín pidió mayor coordinación entre los partidos de Gobierno, argumentando que no era bueno que la UDI y RN se mantuvieran su entendimiento sólo en el nivel de un pacto electoral.

Y es curioso porque es difícil suponer que puedan ser algo más que eso, así como resulta improbable pensar que los partidos de la Concertación puedan volver a ser un pacto político, como lo fueron en sus comienzos, y que no se conformen con un entendimiento simplemente electoral, que ya es algo que les está resultando bastante difícil.

Hay que entender que un pacto político es cuando dos o más partidos confluyen en un acuerdo permanente para impulsar la realización de proyectos en los que coinciden. Un pacto electoral, en cambio, es simplemente un entendimiento destinado a potenciarse mutuamente cuando se trata de enfrentar las elecciones, sobre todo con un sistema binominal como el chileno, que obliga a la conformación de grandes bloques.

Es curioso también porque fue la UDI uno de los principales responsables -y defensores- del sistema electoral binominal y debieron saber que este modelo obliga a los socios en una elección a competir primero entre ellos y luego con los adversarios políticos. Un mínimo sentido común indica también que, una vez desatada la competencia, resulta difícil forjar amistades y lealtades reales.

Por eso es que resulta curioso ahora que una de las principales figuras de la UDI se queje que la Alianza por Chile sea sólo un pacto electoral, como si pretendiera que se avance hacia una unidad institucionalizada de los dos partidos ¿en una sola colectividad, como se insinuó alguna vez en la Concertación sin que casi nadie se entusiasmara con la idea?

El único intento verdaderamente serio de forjar una unidad total de los distintos pensamientos en la Derecha fue con la fundación de Renovación Nacional, en abril de 1987, con el fin de enfrentar el plebiscito del año siguiente, pero la unidad sólo duró cuatro meses porque en agosto los gremialistas se retiraron, con cierto nivel de escándalo, para fundar la Unión Demócrata Independiente. Hace un cuarto de siglo entonces que es evidente que se trata de dos colectividades con pensamientos diferentes, unidas sólo por algunos elementos comunes y la necesidad de competir electoralmente.

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