«Hice un buen Trabajo»

Por Paula Dedic
Por Paula Dedic
Hoy he terminado mi jornada laboral, contenta porque ya mis pies descansan de esos zapatos matadores,
de esa vestimenta de cenicienta sucia, llena de barro y bañada en sudor, hedionda  a  comida de cárcel, pero feliz al fin y al cabo, me desprendo de toda esa suciedad quedando al desnudo, tal cual Dios me envió a este mundo, a excepción del maldito sostén que afirma mis tetas caídas de tanto uso y pereza.
Pereza, cómo adoro esa palabra, ese concepto exquisito que de tan sólo pensarlo descanso. Aquí comienzan mis horas de paz y tranquilidad física, aunque quisiera que fueran horas de tranquilidad mental y emocional, pero ¡qué! Si estas cortas siete horas las dedico a pensar huevadas.
Rendida en mi cama, dispuesta a enfrentar a un lobo feroz, al cual espero todas las noches con el cerrojo de la puerta abierto, me encuentro. Reconozco que es una espera infinita, ya que ese lobo muerto de hambre no se atreve a comerse a la oveja más blanca, a la más llena de lana y algodón,  a la más virgen, a la oveja más pura, la más rica en nutrientes y vitaminas, a la presa que lo provoca cuán flor a la abeja. Tan intenso es ese deseo que estoy segura que esa presa será quien devorará a este lobo peludo, a este lobo tan destacado de entre su grupo, el más fuerte, forrado de una musculatura excitante. El cuento es medio loco, es raro ver a una linda ovejita enlutarse en una piel de bestia negra para poder conseguir sentirse de la misma especie, sentirse similar a su dientudo y baboso mamífero feroz, esperando nunca ser descubierta por el resto de la manada, ¡se la devorarían!
Te tengo a mi lado cada diez días y no basta. Quisiera sentirte cada segundo dentro de mi piel, sentir ese cosquilleo revoltoso dentro de mi estómago, sentir el que se me paren los pelos de los brazos como si tuviera frío, sentirme completamente extasiada hasta el punto de juntar el entrepiernas y apretarlo para apreciar el mínimo placer, el cual, en ese instante, es lo máximo. Cómo quisiera tenerte dentro de mí, haciendo un contacto animal-brutal, haciendo  corte de circuito con chispas y luces, toda una escena de ficción, porque puta que es rico cuando se hace realidad esta ridícula descripción, porque veo fuegos artificiales a mi alrededor, como si estuviera drogada, no pienso, sólo actúo y con inseguridad, porque hasta eso me haces sentir cuando estoy contigo. Por eso te odio, te odio, y te odiaré siempre. Me deprime pensar que quiero seguir ligada a ti por el resto de mi vida, me apena pensar que algún día no te voy a tener a mi lado aunque sea solamente para mirarte, es fome ponerme a pensar en el futuro tuyo y en el mío, cada uno con su vida, su familia…
Es ridículo tener una interacción sexual ligada sólo a una persona, si al otro día puedes mariposearte con otra. Es tan rico compartirse a uno mismo con el prójimo, compartir ese tesoro valioso con todos los que quieras, entregarles a cada uno una pepita de oro, como un  recuerdo, una marca, para que nunca te olviden. Regalar esa cara de caliente que pones cuando estás mamando como puta, como si te pagaran con monedas, que hace falta tanto en este tiempo. Pero no, tú como huevona te conformas con la cara de caliente del macho al que te estás entregando en aquél momento en el que él te enrolla como culebra y te ahorca, dejándote sin respiración hasta el minuto en que ya no das más de placer y te destapas, como botella de gaseosa bien batida, con un gemido de felina satisfecha.
No creo en la fidelidad, todos somos infieles, y que nadie lance la primera piedra, porque hasta masturbándote ya estás usando el plan “B”, la segunda opción, si es que no te resultó lo que querías y con quién querías. Si hasta en los sueños se te aparecen imágenes pornográficas, pecaminosas ante los ojos de Dios, como diría mi abuelo, quien ha tratado, usando todos los medios posibles, rectificarme y llevarme por el camino del bien. Lo siento, nací pecadora, y voy a morir más pecadora. Ese es el goce de la vida, hacer lo prohibido, romper las reglas, mandar a la mierda eso de la “moral” de la cual tus padres te hablan desde que eres una cabra chica, que con suerte sabe chupar un loli de cincuenta pesos.
Estoy muy agradecida de mi madre, ella me dio la libertad necesaria para poder desarrollarme como persona y como mujer, en su momento. Sabiamente supo cómo interiorizarme en el mundo. Con ella aprendí a caminar, leer, escribir, pensar, entre otras cosas importantes, pero hay algo en lo cual no pudo instruirme, y eso es el ser racional. Maldita sea, me cuesta demasiado manejar mi emociones, tomando en cuenta que el cerebro es poderoso y depende de mí y  de nadie más que de mí el maniobrar mis propios sentimientos. No es un trabajo ligero, lo sé, pero pierdo la paciencia, quiero poder apretar un botón que me haga “sentar cabeza” y pensar en frío. Mi madre, sé que está orgullosa de mí, pero lo estaría aún más si es que yo hubiera seguido la senda recta que ella me inculcó. El día que yo me sienta preparada, con pies firmes en la tierra, cuando sea una mujer decidida y autónoma, cuando haya cumplido mis sueños y los de mi progenitora, cuando el propósito que tengo de cambiar para bien se haga realidad, ese día mi madre, Raquel, con gusto va a gritarle a los cuatro vientos: hice un buen trabajo, pero hasta que ese momento no llegue, seguiré siendo la oveja negra de la familia, la loca que se siente sola, la hija depresiva que, a pesar de que ríe como enferma mental todo el día, siente pena y ganas de llorar todo el tiempo. Seguiré siendo la huevona mal agradecida, la que no valora nada de la vida, la que no se da cuenta, a ratos, que las caga a cada segundo; la peleadora, la muchas veces negativa, aunque yo preferiría la palabra precavida, la “perseguida”, la egocéntrica -la buena para dormir, comer y pasar de fiesta en fiesta tomándose hasta las molestias- esa seguiré siendo, hasta mañana, que es cuando pretendo comenzar el plan “Rescatando a Paulita”, creado por mí, para luchar conmigo misma para que brote el lado positivo que alguna vez existió, que está enlodado de imperfección.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *