La subjetividad de la objetividad

La visita de Camila Vallejo a Cuba dio para muchos comentarios en la prensa y las redes sociales, pero como suele ocurrir en situaciones que dan para polémica sirvió también para dejar en evidencia la subjetividad de las opiniones de unos y otros.
Para cada uno de los que opinaron, se trata de hechos o situaciones objetivas: Para unos, sus dichos sobre Fidel Castro son correctos y certeros; para otros, demostraban su falta de objetividad respecto al anciano dirigente y la situación cubana.
Al igual que ocurre con cualquier suceso debatible, los que intervienen parten de su propia verdad, pero el contraste de las opiniones de todos los que participan en la polémica confirma que no hay verdades únicas.   La objetividad con la que se interpretan las situaciones es, al final, subjetiva.
Algo similar ocurre con la manera en la que la gente percibe las informaciones que recibe, tanto de los medios de comunicación como de otras fuentes.   Se suele aceptar como cierto el mensaje que concuerda con nuestras propias preconcepciones y desechar lo que las contradice.   Es sobre la base de ese fenómeno que las personas juzgan a la prensa como mentirosa o fidedigna, y lo mismo ocurre con los políticos.   Por muy desprestigiados que estén, siempre cuentan con alguien que los apoya porque cree que dicen la verdad, que en cada caso es la verdad compartida entre el político y su adherente.
La realidad es la suma de todas estas apreciaciones, pero la verdad es una cosa distinta y es importante no confundir la verdad con las subjetividades personales, que son muy legítimas pero no únicas, así como es importante aceptar que otros tienen verdades propias y que en el contraste de esas verdades hay un avance para el conjunto de la comunidad en la que se produce el debate.
No se puede exigir a nadie decir la verdad por la sencilla razón de que nadie está autorizado para definir cuál es esa verdad.   Pero lo que sí es importante, para los efectos de que haya un debate útil, es que todas las voces puedan ejercer su derecho a la libre expresión y que toda la comunidad tenga acceso a esas opiniones, con independencia de que las acepten o no.
La mentira, como denegación de la posibilidad de contrastar verdades, nace cuando se cohíbe la manifestación de cualquier parte de las subjetividades personales y en estos tiempos en que las opiniones circulan con total libertad en la mayoría de las naciones a través de los canales alternativos que ofrecen las redes sociales se va haciendo cada vez más difícil tapar el sol con un dedo.   Pero eso tampoco renunciar a la obligación de los medios de comunicación y de las instituciones republicanas a ejercer el pluralismo.

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