Llegar y disparar

El rey de España se fracturó la cadera cazando elefantes en África, pero eso es una noticia que a los chilenos nos importa poco porque tenemos nuestra propia temporada de caza, gracias al gentil auspicio de nuestras autoridades.
Por: Andrés Rojo Torrealba. Periodista y comentarista político. Quilpueíno.
Entre nuestros senadores y diputados que se aumentan sus asignaciones y luego se sacan los ojos entre sí, como si meter a más gente en la lista de los culpables aminorara la culpa de cada uno y una Fuerza Aérea que tras un año del accidente en Juan Fernández que causó la muerte de 21 personas viene a asumir que el avión sí llevaba sobrepeso, lo de Juan Carlos pasa completamente desapercibido.
No necesitamos ir a África de cacería buscando los pocos elefantes que quedan porque tenemos suficientes autoridades a las cuales dispararles nuestras críticas, y lo mejor de todo es que la mitad de los que critican lo hacen porque están en la lista de espera para reemplazar a los caídos en desgracia, como es en el caso de los parlamentarios.
Es fácil disparar. Es casi como si las víctimas de las burlas prefirieran ser criticados a ignorados. Pareciera que esa es la única explicación posible para la seguidilla de acusaciones y contra-acusaciones que se lanzan entre ellos mismos como si fueran niños tratando de aclarar quién empezó la pelea: Fue este: no, fue este otro; fue el de más allá; fue el que no pegó pero insultó.
Frente a ese espectáculo, agregar más burlas parece innecesario pero sin embargo lo hacemos, porque los chilenos tenemos esa debilidad por reírnos del otro, del ya caído, del que sólo espera el asalto final para ver que su honra termina por diluirse.
Por otro lado, hay que decir que es bueno que no nos hayamos acostumbrado a las chambonadas y sigamos condenando aun en tono jocoso las faltas de criterio de nuestras autoridades. Lo de la Fuerza Aérea está en tribunales; lo de los parlamentarios en el debate público, pero es altamente esperable que ya estén apareciendo chistes sobre estas situaciones porque para eso sí que somos buenos los chilenos.
No tenemos mucha capacidad para censurar de manera eficaz el descriterio o la ineficiencia, pero sí que sabemos reírnos y eso configura una especie de círculo vicioso en el que los acusados saben que pueden seguir abusando un poco más porque el público parece preferir al que le proporciona material para bromas y burlas que a quien sólo se limita a ejercer su cargo con eficiencia y honorabilidad. De otra forma, no podríamos irnos de cacería y es posible que tengamos que conformarnos con los pobres elefantes.

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